Seleccionar página

¿De dónde vienen los Métodos de Reconocimiento de Fertilidad?

 

Desde los principios de nuestra existencia, la fertilidad ha sido objeto de atención e intriga, así como las maneras de controlarla. En el Antiguo Egipto, se utilizaban recetas de pastas vaginales a base de miel y pulmón de cocodrilo, como medio anticonceptivo. En la Antigua Grecia se describen tácticas como saltar o estornudar tras la relación sexual para expulsar el semen y en el Antiguo Testamento se describe ya la técnica de la marcha atrás.

También a lo largo de la historia hemos tratado de identificar la fase fértil de nuestros ciclos. La ovulación en humanos es un evento críptico y no tan evidente como otras especies mamíferas, en las que el celo y la disposición para procrear son etapas que se aprecian con claridad. Esta diferencia en gran parte radica en que para los humanos, la reproducción y la sexualidad no necesariamente van ligadas. El principal motivo para conocer los ciclos menstruales era un control sobre la natalidad y la reproducción.

A medida que nos acercamos a las eras contemporáneas, modernas y de progreso van apareciendo métodos anticonceptivos artificiales, que interfieren en el acto sexual (métodos de barrera) o que modifican la fisiología hormonal de nuestros ciclos menstruales (la píldora anticonceptiva). Frente a estos métodos se oponen sobre todo los creyentes católicos y por ello ponen sus esfuerzos en investigar métodos “naturales” que respeten el funcionamiento de nuestros cuerpos y que estén “abiertos a la vida”. Los métodos de reconocimiento de fertilidad se desarrollan en gran parte gracias a esta iniciativa. Pero apenas se dan a conocer, bien sea por prejuicios culturales o religiosos. Hasta los años 60.

La “liberación sexual” que enarbolaban los métodos anticonceptivos hormonales pronto se veía salpicada de los efectos nocivos que se derivaban de su uso: el mecanismo de acción de estos tratamientos hormonales, lejos de liberar la sexualidad de la mujer, en realidad anulaba la ovulación y ello repercutía en su organismo produciendo, entre otros efectos, la disminución de su libido y la desconexión con su cuerpo mediante la manipulación de su sistema endocrino. Además, muchos de los efectos secundarios de la píldora apenas eran reconocidos y más bien se atribuían a que eran “cosas de mujeres”, estigmatizando aún más, si cabe, a los cuerpos femeninos. Cada vez más mujeres experimentaban más bien una esclavitud, no sólo sexual, al verse sometidas a los efectos de las hormonas.

En medio de todo este huracán que arrasa con nuestra idea de bienestar, está el cuerpo femenino. Fiel a lo históricamente preestablecido el sistema mantiene para su conveniencia la tendencia de SILENCIARNOS y, por extensión, de silenciar nuestros cuerpos (en todos los sentidos: físico, fisiológico, emocional, intelectual, maternal, espiritual si quieres…). Y, si con ello no bastara, existe además un encarnizamiento (cultural general y sanitario en particular) con los cuerpos femeninos.

Como es lógico, este panorama generó una RESPUESTA: en los años 60 en Los Ángeles, EEUU, nació el movimiento feminista self-help o “auto-ayuda”, que pretendía reestablecer la unión de cuerpo y de la mente, recuperar nuestros cuerpos expropiados; y supuso un primer paso para que las mujeres, a través de la instrospección, volvieran a conocerse, a reconocerse. Podríamos decir que es un tipo de lucha feminista contra el poder y el sistema patriarcal que ha creado unas relaciones personales e interpersonales de miedo y represión en relación al sexo. Pero no me siento cómoda utilizando las etiquetas de los “ismos”. Para mí fue una sublevación necesaria, una reclamación inevitable de lo que nos pertenece no ya solamente como cuerpos femeninos, sino como personas.

Self-help rompe con la idea del cuerpo como objeto de negocio, como instrumento imperfecto, inútil y dependiente, insuficiente y necesitado de constante tratamiento y mejoría; y considera que el cuerpo es hermoso y apto, sobradamente válido, en toda su diversidad y riqueza. En palabras de Adela Vidal: “[el self-help] postula que sólo a partir de la rotura de las barreras esquizofrénicas entre la ideología y la vida, palabras y sentimientos, sueños y realidad, se puede conseguir el cambio, controlar la posibilidad de reproducirse y conseguir defender el cuerpo y con él la vida”.

Para lxs partidarixs del self-help, el sistema médico se necesita mucho menos de lo que se nos ha hecho creer (hay que desmedicalizar la vida), y cada uno tiene derecho a tocarse antes que lo toque cualquier otro. La reconocida doula Debra Pascali Bonario, fundadora de la maravillosa web Orgasmic Birth, alega que le parece una locura que para muchas mujeres sean los médicos u otros terceros los que introduzcan sus manos en sus vaginas antes de que ellas mismas lo hayan hecho, y estoy totalmente de acuerdo.

Las mujeres deben ser quienes conozcan y controlen su capacidad reproductiva y sus posibilidades sexuales.

El self-help es un medio para que las mujeres que hasta ahora han huido de sí mismas y se han silenciado, porque se les delimitaban en el placer y el control, puedan, a través de la información directa, descubrirse a sí mismas, tener sensaciones que nunca conocieron y aprendan a reconocerse, a aceptar su ciclo menstrual y su esquema corporal para entender que la maternidad no es instinto y que juventud no es sinónimo de sexualidad y placer.

El self- help permite un aprendizaje a través de la observación directa de los propios cuerpos. Es un aprendizaje que se hacía en grupo, a través del compartir de las experiencias de cada una y las mujeres que lo practican adquieren mayor confianza y sienten que la vida les pertenece.

El autoexamen es la técnica empleada en estos grupos de self-help. No es un tratamiento, es un modo de valoración que permite, al conocer tus patrones normales habituales, reconocer precozmente cambios o alteraciones que precisen ser atendidas.

Con estas bases (la autoobservación y el compartir experiencias de manera comunitaria), a través del self-help se pretende favorecer la autogestión de la salud en la medida de lo posible.

 Esta iniciativa de salud fue después seguida por el Colectivo de Mujeres de Boston, que a través de su valiosísimo trabajo de investigación, ofrece un manual elaborado sobre salud sexual y reproductiva para niñas y mujeres de todo el mundo (Our Bodies, Ourselves – Global Initiative – disponible en español como Nuestros cuerpos, nuestras vidas)

El self-help fue el inicio del uso de los métodos de reconocimiento de fertilidad y se derivó en lo que se conoce como REPRODUCTIVE HEALTH AWARENESS (conocimiento de la salud reproductiva), en la que, a través de la educación e información, se incentiva el desarrollo de herramientas y habilidades para el autoconocimiento y el autocuidado en la salud reproductiva y sexual (porque, aunque reproducción y sexualidad están muy vinculadas, NO SON LO MISMO).

Dentro de la RHA y centrándose en la REPRODUCCIÓN, se encuentran los llamados FERTILITY AWARENESS BASED METHODS (FABMs), o métodos de conocimiento/reconocimiento de la fertilidad (MRF), a través de los cuáles podremos, adecuándonos a la situación particular de cada uno, evitar o favorecer un embarazo de forma consciente, NO INVASIVA y respetuosa con nuestra fisiología y ecología interna.

Estos métodos se basan en la observación y registro diario de los llamados SIGNOS DE FERTILIDAD (cuya validez han sido avalados científicamente con creces), que determinan si una mujer es fértil o no en un determinado día.

Los principales signos de fertilidad son 3: las secreciones cervicales, temperatura corporal basal y la posición del cuello uterino (este último es un signo digamos “adicional” que corrobora la información aportada por los dos primeros).

Hay varios MRF. El que yo enseño es el método sintotérmico, por ser el más eficaz  y consistente de todos, en especial para evitar el embarazo.

A veces, se hace referencia a ellos como MÉTODOS NATURALES ANTICONCEPTIVOS, pero esta terminología es imprecisa y limitada: la idea de “natural” es muy diferente de unas personas a otras y no solamente son “anticonceptivos”, su aplicación es mucho más amplia. Los FAM o MRF no sólo son unos métodos respetuosos para gestionar la fertilidad (evitar o promover el embarazo), sino que, independientemente de la fertilidad, son unas herramientas muy potentes para valorar y evaluar problemas de salud en general, no sólo ginecológicos. Incluso más allá de la valiosísma utilidad que tienen estos métodos en la autogestión de fertilidad y salud ginecológica y global, se encuentra la preciosísima información que te aportan sobre TUS CICLOS Y TU CUERPO, empoderándote con un AUTOCONOCIMIENTO al que TIENES DERECHO A ACCEDER

Este conocimiento es algo BÁSICO, que debería de instruirse desde la infancia: el conocimiento del funcionamiento de nuestro cuerpo, de lo que rige e impulsa la vida y su origen: nuestros ciclos sexuales. Es hora de dar voz a nuestro cuerpo. Es hora de escucharnos.

Gracias al self-help y a los MRF podemos recuperar nuestro protagonismo y papel activo en nuestra salud.

Pero, como escribe Pabla Pérez San Martín:

“Autogestionar tu salud implica quebrar con paradigmas importantes (y es un cambio a veces dificultoso) debido a que ese hacerse cargo implica sumergirnos en reconocer no sólo el cuerpo y su funcionamiento, no sólo cambiar los hábitos alimentarios o integrar infusiones de hierbas en nuestras vidas, sino también adentrarnos en nuestra peculiar historia y sanar aspectos esenciales que solemos evitar y que frecuentemente son síntomas de una herida profunda. […] La autogestión de nuestra salud debe partir de la base del contexto histórico/espiritual de cada persona. Después de años de experiencia, puedo asegurar que ningún autoconocimiento físico, ni la compresnión biológica, política, ni teórica de nuestro cuerpo nos salvará el cuero de enfermarnos. No nos salvará mientras sigamos sin reconocer nuestro origen y sin reconciliarnos con él, mientras nuestra conciencia viva fragmentada, mientras sean la mente y ahora el cuerpo los únicos fundamentos para abordar los procesos de salud/enfermedad”

Sin duda, en cualquier caso, el autoconocimiento es una aventura y un viaje hacia unx mismx.

¿Embarcamos?

Ilustración por © Arcadi Ballester