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Desde los más remotos tiempos, ha llamado la atención la similitud de duración del ciclo menstrual femenino (cuyo promedio es aproximadamente de 29 días) y el ciclo lunar (29,5 días). Esta relación entre luna y menstruación fue apreciada ya por los primeros pueblos y se crearon numerosos ritos a partir de ella.

Para el hombre moderno significó una mera leyenda, hasta que el físico Edmon Dewan demostró experimentalmente a partir de 1965 que la relación existía, y que era al parecer la luz de la luna la que afectaba la duración del ciclo menstrual femenino y muchos otros ritmos biológicos animales. Los experimentos de Dewan demostraron además que el momento de la ovulación puede verse afectado de forma predecible por cualquier luz de cierta intensidad mantenida determinadas noches del ciclo.

En 1971 Louise Lacey puso en práctica las experiencias de Dewan, y observó que la luz nocturna regulaba la longitud de su ciclo y podía usarse como método para predecir con bastante exactitud el momento de la ovulación. Tras dos años de utilizar la luz (una bombilla encendida en su casa las noches 14, 15 y 16 del ciclo y durmiendo en total oscuridad las restantes noches) escribió su libro “Lunaception”, con el que no sólo pretendió exponer una forma de regular naturalmente la concepción, sino además explicar cómo había llegado a conocer su cuerpo y a comprender la importancia de la relación y la integración con la Naturaleza

Muchas plantas y animales saben cuándo deben crecer, reproducirse, moverse o descansar gracias a la luz. A Louise Lacey le ayudó un artículo periodístico en el que se comentaba que los granjeros dejaban las luces encendidas en las granjas de gallinas para aumentar la producción de huevos, por lo que la luz, al menos en las gallinas, afectaba al ciclo reproductor.

En el caso de las mujeres, en la influencia que la luz ejerce sobre el ciclo menstrual, es donde entra en escena una pequeñísima glándula intracraneal: la glándula pineal, que para muchos fisiólogos ha sido durante mucho tiempo una parcela desconocida del cuerpo humano, injustamente catalogada como “vestigio” de una glándula similar que permite a los animales adaprtarse al ritmo estacional a partir de las influencias que ejerce la luz sobre ella. Otros, como Strassman, postulan que es en la pineal donde se aloja el alma…

La clave está en que, en oscuridad, esta glándula produce melatonina. La melatonina frena la secreción de las gónadas (ovarios y testículos): retrasa la maduración sexual, inhibe la ovulación y disminuye la secreción hormonal de testículos y ovarios. La Luz evita la síntesis de le melatonina en la pineal, de forma que las gónadas quedan libres para madurar, desarrollar células sexuales y segregar sus hormonas.

Cada vez hay más estudios acerca de esta influencia. Se ha demostrado que al disminuir la intensidad de la luz, la glándula pineal y la función gonadal varía en consecuencia.

El efecto de la luz de la luna sobre los ciclos reproductores de los animales ha sido estudiado. Se sabe que afecta a los organismos marinos. Muchos peces aprovechan la marea alta de la luna llena para llegar hasta las playas y desovar. ¿Cuál es la intensidad de la luz lunar? Según la Enciclopedia Larousse de Astronomía, es una intensidad comparable a la de una bombilla de 40 vatios a 12 metros, o sea, medio millón de veces menos que la del sol. Con esta pequeña intensidad se ha demostrado que la luna ciertamente tiene algo que ver con las actividades reproductoras del ser humano. Las mujeres que viven en el Círculo Polar Ártico (donde la luna permanece varios días seguidos en el cielo y luego desaparece por otros más) son las que tienen más irregularidades menstruales. Durante el largo invierno a menudo dejan de menstruar. En nuestra actual civilización, rodeados de estímulos luminosos y magnéticos, es difícil obtener datos sobre este particular. Hemos de remontarnos a los datos de los siglos anteriores y de civilizaciones poco avanzadas. Existen indicios antropológicos de que en ciertas tribus las mujeres menstruaban juntas en relación con las fases de la luna.

¿Cuál es el efecto de las luces artificiales nocturnas a las que estamos acostumbradas en Occidente? Los estudios demuestran que las jóvenes de las ciudades maduran hoy más pronto que las de las zonas rurales.

Desde que Louise Lacey publicó su libro se ha probado que la luz artificial afecta el ciclo menstrual, al equilibrio hormonal sexual y también a las características del moco cervical.

En el Centro de planificación Familiar del Sacred Heart Medical Center de Spokane (EEUU) se ha investigado desde 1976 sobre estos efectos de la luz artificial. Sus conclusiones son que gran parte de las irregularidades del ciclo menstrual de mujeres occidentales se deben a ella. En el cuestionario de entrada al centro se preguntaba si entra la luz por la noche en el dormitorio, tanto de la calle, como reflejos de la luz del recibidor o fuentes tan débiles como un despertador luminoso. Muchos desarreglos desaparecen tras eliminar estas fuentes luminosas nocturnas.

Así, la lunacepción se ha usado como método natural para gestionar la fertilidad y actualmente se sigue investigando. Para poner en práctica el método de la lunacepción, es necesario aislar la habitación de luces exteriores, llevar una vida estable, tomar cada día la temperatura basal y no trasnochar. Con estas condiciones y bien aplicado, los días de abstinencia serían sólo de 5 al mes. No es un método fácil de entrada, debido de nuevo a nuestro ritmo de vida (¿vida estable?, ¿qué es eso?), pero por lo visto sí tiene alta fiabilidad.

Esta conexión ciclo-luna era más evidente en las sociedades antiguas, antes de que la era industrial y la comida procesada irrumpiera en las culturas tradicionales. Las mujeres suelen ovular en luna llena y menstruar en luna nueva. Algunas mujeres es al contrario: ovulan en luna nueva y menstrúan en luna llena. Dicen que las mujeres que están comprometidas con la sanación o con procesos creativos tienen este ciclo y menstrúan en luna llena. Es normal tener las dos sincronizaciones. De aquí surgen los arquetipos femeninos asociados al ciclo menstrual, ¡pero éste es otro tema!

Hoy en día, con la cantidad de disruptores hormonales (comida, cosmética, etc) nuestra ciclicidad y sincronicidad se resiente.

Ahora ya sabes por qué se sincronizan los ciclos entre las mujeres que conviven y por qué hay una conexión entre tus ciclos y la luna, más allá de la leyenda. La clave es la luz. Nuestro cuerpo, como siempre, nos sorprende con sus ciclos y su vínculo con la naturaleza. Estamos hechos de la misma materia.

 

Referencias: Louise Lacey, Lunaception//Integral, número 10.